jueves, marzo 31, 2011

Guillermo Fabela Quiñones : La Política como un gran mercado

La Política como un gran mercado
Guillermo Fabela Quiñones
Apuntes


Entre las consecuencias más lamentables que nos trajo el neoliberalismo, destaca el deterioro moral de la vida política, hasta convertirla en lo que es ahora: un mercado donde se venden y compran conciencias, de acuerdo con un individualismo exacerbado que cancela toda posibilidad de trabajo colectivo en favor de objetivos sociales. Así se facilita la funesta labor de zapa de la oligarquía en contra de los intereses mayoritarios, como se advierte claramente en la actualidad. Como Andrés Manuel López Obrador es un político que no se ha dejado seducir por el “becerro de oro”, es considerado un verdadero peligro por quienes han hecho de la compra y venta de posiciones un modo de allegarse cuantiosos recursos.
Por eso pueden verse como algo natural los ataques de que es víctima, provenientes de las propias filas de la “izquierda”, orientados a descalificarlo como el líder natural de las corrientes progresistas del país. Mientras mayor es su peso en el panorama político nacional, más contundente es el “fuego amigo” en su contra. Se le insulta y denuesta como si se tratara de un enemigo político irreconciliable. Un buen ejemplo de esto es el artículo del diputado local de Convergencia, Maximiliano Reyes Zúñiga, titulado “¿A dónde vas Andrés?” (ContactoDF.com)
Según Reyes Zúñiga, “los ciudadanos están hartos de las polarizaciones”, desean gobiernos de unidad sin que les importe el color partidista, sino “el proyecto, la confianza, la trayectoria, la oferta de gobierno”. El planteamiento es falso, pues lo que la ciudadanía sufre hasta el hartazgo son los políticos corruptos, cínicos, desvergonzados, que no tienen límites para abusar del erario y de sus privilegios. La sociedad está harta de la burocracia dorada que no se sacia de saquear las arcas de la nación, fenómeno que se agravó a partir de que los tecnócratas se hicieron del poder con una finalidad estrictamente patrimonialista.
Es falso asimismo que el PAN y el PRD, como asegura el asambleísta, han venido luchando juntos, al menos durante 20 años, desde la oposición, “por un objetivo democrático compartido: acabar con la hegemonía del PRI”. El partido blanquiazul, si nos atenemos a los hechos, dejó de ser oposición desde que el partido tricolor dejó de ser el Partido de la Revolución Mexicana, para convertirse en el trampolín de los tecnócratas ultraconservadores. Con Miguel de la Madrid en Los Pinos, los panistas se convirtieron en dóciles aliados que comenzaron a saborear las mieles de las negociaciones convenencieras. Por eso el PAN se escindió, apartándose de sus filas los militantes consecuentes con sus principios y programa.

Argumenta Reyes Zúñiga que la actitud de López Obrador “es tramposa y oportunista”, dice, “porque sabe muy bien que no son los principios ni los ideales de la izquierda los que se trastocan cuando se hacen alianzas con el PAN, sino que son los suyos, personalísimos, individuales y muy particulares”. Vaya manera de “razonar” de un “político de izquierda”, quien en su afán de atacar al que ha demostrado con hechos una firme conciencia social, no tiene empacho en hacer malabarismos ideológicos para mezclar el agua con el aceite. Una alianza con el PAN es injustificable, desde cualquier punto de vista, porque se trata del partido de la aristocracia decadente, incapaz de comprender las necesidades de las clases mayoritarias, como ha quedado más que demostrado en los diez años que lleva dicho partido en el poder.
Según Reyes Zúñiga, quien forma parte del equipo del secretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional de Convergencia, Ricardo Mejía Berdeja, oponerse como lo hace López Obrador a la coalición en el Estado de México, “es contribuir a que lo más rancio y añejo del autoritarismo mexicano se mantenga en el poder”. ¿Acaso no sucedería lo mismo con Luis Felipe Bravo Mena si éste alcanzara un hipotético triunfo en las urnas con el apoyo del PRD? ¿No es Bravo Mena un conspicuo ultraconservador, incluso más rancio y añejo que el candidato priísta?
Es una soberana estupidez afirmar que López Obrador “hoy está más cerca de los intereses de Peña Nieto que de su propio partido”. ¿No es eso precisamente lo que se apuntala con una alianza inútil como la que se consumaría entre el PRD, Convergencia y el PAN? Lo único que se habría de conseguir sería dividir a los votantes progresistas en beneficio del PRI, mientras que lo sensato y políticamente correcto, sería que la verdadera izquierda cerrara filas en torno a un candidato con posibilidades de triunfo, como Alejandro Encinas. Es lo mismo que cabría esperar en Coahuila si la izquierda apoyara con toda su fuerza a Jesús González Schmal, no al compadre de Felipe Calderón, el senador Guillermo Anaya, tal como lo están haciendo el PRD y compinches interesados en obtener pingües beneficios.

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